Arte poética. Flóbert zapata

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Foto: Manizales. Flóbert Zapata.

1

BITÁCORA DE VIAJE

Y lo que más recuerdo del infierno

es que no había ni un solo demonio

que no escribiera versos.

 

2

COLEGA

Esposa es lo que espera

pacientemente

a que te mueras,

colega es lo que espera

pacientemente

a que te maten.

Buscábamos. Flóbert Zapata

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Foto: Alianza Francesa. Bogotá.

Buscaba cada uno al otro sin saberlo.

Estábamos en el lugar preciso donde ocurriría el amor.

Seríamos los únicos testigos.

© Flóbert Zapata, 2020

LO PERSIGUEN. Por Flóbert Zapata

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Foto: Alianza Francesa, Bogotá.

Nacemos y nos programan para los vicios, el vicio de odiar, el vicio de fumar, el vicio de beber, el vicio de calumniar, el vicio de envidiar, el vicio de herir, el vicio de matar, el vicio de correr, el vicio de quitar, el vicio de mandar, el vicio de gritar, el vicio de celar, el vicio de mentir, etc. Hay un millón de vicios, si usted empieza ahora a contarlos y tiene veinte años, tal vez al llegar al ataúd le falte poco. Uno comienza con unos vicios, se va volviendo adicto y quiere probarlos todos, en eso se nos va la vida, conversar, viajar, ver películas, oír canciones, para aprender nuevos vicios y nuevas formas del vicio o su profundización. Triunfa quien consigue una fábrica de vicios propia. Al que se sale del sistema de los vicios lo persiguen.

 

– Flóbert Zapata, 2020

 

 

VIAJERO SUBTERRÁNEO. Por Flóbert Zapata

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Foto: Bogotá.

VIAJERO SUBTERRÁNEO

Eras un muerto entonces, te querían.

Ahora que estás vivo te persiguen.

Continúa tu viaje y sé tú mismo,

lejos del paraíso y su absoluto tedio,

o regresa a la tumba y sé los otros

y vive sus infiernos y no el tuyo.

De Anfiteatro azul

© Flóbert Zapata, 2020

PAOLO UCCELLO. Por Flóbert Zapata

 

Imagen tomada de “entretantoMAGAZINE”

I

Lo llamaban Pablo Pájaros

y sus pájaros

lo contaban como uno de los suyos.

¡Su mérito? Indirecto y maravilloso.

Pintaba animales

que le revelaban luego

los secretos de la perspectiva.




II

Voy a morir.

No temo, me acompañan

mis animales y mis líneas.

Mis mazzochi

asombraron a los humanos;

gracias, esa pequeña gloria

impulsó mi corazón

por el resto de mi vida.

Pero ya no tengo fuerzas.

Les dejo cerros de pergaminos

con mis trazos;

allí, dispersa,

descansa inconclusa mi mayor ambición:

el mazzochi que asombraría a Dios.




III

Perdonen mis largas temporadas de ermitaño,

encerrado en mi casa,

rica en arañas, pobre en alimentos.

Perdonen mi pobreza.

Perdónenme por dedicar mi vida

a los dulces y estériles

estudios de la perspectiva.

No fui feliz, es cierto,

pero la felicidad no me interesaba,

ni el dinero ni el amor

ni las otras cosas

que desvelan a los hombres.




IV

Para descansar

de mis severos estudios de la perspectiva,

no acudía al vino

ni al sexo

ni a los manjares,

que nunca hubiera podido procurarme,

ni a los amigos, que no me comprendían.

Un amigo de Donatello,

fue picado en la mejilla por uno de ellos

pero se negó a creerlo, tan reales eran.

Nadie sabía

que con sus cantos

ellos limpiaban la fatiga

y que con el batir de sus alas

alejaban la brumas de mis visiones.




V

Porque pintaste santos y gigantes

y caballos con tierra verde.

Y campos azules y ciudades rojas

y edificios según tu fantasía.

Porque fueron felices con tus colores estridentes pájaros y peces.

Porque todos condenaban

que no copiaras precisos

los colores y las formas.

Porque Donatello, creyendo salvarte,

se lamentaba: “vamos Paolo,

abandonas lo cierto por lo incierto”.

Uccello Hiperreal.

Manchón del siglo XX

perdido en el corazón del medioevo.




         (Basado en el famoso texto de Mercel Schwob en Vidas imaginarias)

 

ENTRE LAS NUEVAS HOGUERAS

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Foto: Flóbert Zapata

Mi padre fue carpintero.

Murió en el sesenta y siete

de una epidemia de olvido.

Cuando estoy ebrio

rapa  mi cabeza con barbera

y con un escoplo talla

escenas medievales

en mi cráneo impreciso.

No se cansa de decir:

Pobre hijo mío, tu siglo te lastima demasiado.

© Flóbert Zapata, 2020, Manizales

EL ÚLTIMO.Por Flóbert Zapata

Estoy enfermo, madre, de licor,

infecto de botellas.

Soy el que nunca falta,

el último que sale de las fiestas, con infinita sed,

parece falsa

la leche que me dieron tus pezones.

Y sin embargo quiero para mí

los senos todos de la tierra,

las palabras nodrizas todas para mi boca.

Tengo ulcerado, madre, el corazón,

vieras cómo me pide que lo arranque, lo sane

y haga con él dos cuencos para el vino.

Confuso vivo, un poco loco.

Por el cielo agujereado cae mucha agua,

desde antes de tocar el suelo sucia.

¿Por qué no tengo a nadie?

Estoy enfermo, madre, de borracheras,

de desafortunados cráneos que debo digerir como manzanas.

Son dedos mutilados mis comidas,

por mala sangre unos, por la barbarie otros,

piernas moradas de golpearse en las piedras del río.

Perdona, me avergüenza lo que voy a contarte.

En  la venta de senos se me ve

limpiando  la tristeza que se escribió con ceros.

Estoy enfermo, madre, de testículos,

de vómitos, de copas.

Casi no soy tu hijo:

té de orines de rata y no agua hay en  mis ojos.

 

De El alcohol jamás llora (2020)