Coplas y algo más. Por Flóbert Zapata

nino

Esta obra de Gustavo Villa Carmona dice muchas cosas. Dice que el primer tabú es la primera guerra. Recordemos que no hay guerra, es decir locura, que no nazca de la codicia, hija del tabú de la propiedad. Pero la raíz de toda guerra está no en la mutilación física del individuo sino en la mutilación de su personalidad. De la mutilación de la personalidad nace el mutilador y nace el mutilado. Cuando la inocencia natural es rota por las perversiones de la cultura. Cuando el hombre es arrancado de la comunidad mental y es víctima de la soledad, la depreciación y la incertidumbre.

No frunzas el ceño madre

como a ti te lo fruncían.

No me des tu autoridad

sino tu sabiduría.

La vida fue ese silencio

que no pudo comenzar.

Qué tarde para la vida

y qué tarde para amar.

La vida sigue llorando,

la muerte sigue sonriendo

y todo aquello que aprendo

se va como eternizando.

Está mi papá bramando

como si bramara el cielo,

está mi papá muriendo

y no lo salvan mis besos.

Yo no entendía nada,

simplemente sufría,

era una pesadilla

el sol de cada día.

El mundo era una guerra permanente

y ahora es una vida para armar,

he recibió todo de la gente

y se me van las ganas de llorar.

Es hermoso el principio,

es hermoso el final,

lo duro fue el camino,

lo duro fue lo humano.

Penar es caer sin saberlo,

las penas son insobornables;

si la reclusión me atenaza,

la pena moral me deshace.

Cansado de la vida,

volví al primer amor;

al principio una herida,

al final un dolor.

Te lo digo amor de un día,

te quiero tanto, te adoro,

daría toda mi plata

por tu corazón de oro.

Yo nunca leí un libro sobre la anarquía. Sólo digo libertad y verdad. Que cada persona sea un misterio a descifrar es la peor desgracia del mundo.

La olla vacía de la muerte para el muerto como la olla vacía de la vida para la familia hambrienta.

Ofrezco el amor y no lo reciben, lo tiro a la basura y lo recogen.

Manizales, jueves 11 de abril de 2019