La misa y tres poemas breves. Por Flóbert Zapata

armaos los unos a los otros

Me fui hace tanto de la cultura católica que ahora que entro en ella con todo respeto veo sus maravillas como si nunca las hubiera visto, las que no veía antes por la ceguera que implica la tradición,  por el exceso, por las manchas, por los genocidios, por la beligerancia,  por la intolerancia con el distinto, por la Inquisición, por la obligatoriedad o, verbo y gracia, por el reflejo condicionado de que mi mamá me mandara el sábado en ayunas a una misa del colegio de 7 de la mañana y yo me maluquiara, toda la larguísima misa de pie: ¡Tiene la cara verde! Recuerdo antes al maestro tomando lista para sancionar al que no asistiera y entonces bajaba uno en los puestos. No fui brillante en el colegio, no estaba hecho para la memoria sino para el pensamiento. Siempre ocupé últimos puestos en ese desgraciador sistema.

 

Estuve en misa en San Juan de Dios. Fue una experiencia bonita y conmovedora.  Un ritual de la esperanza y el consuelo. Tres imágenes: La Virgen María,  Jesucristo y San Juan de Dios, en ese orden y con ese centro. Acompañados por un pastor con bastón, calabaza con miel y frutos.

María la reunión de las virtudes de una madre perfecta en su humanidad y humana en su perfección y de una esposa claramente dichas en 1Pedro cap 3 vers 1-7 y Proverbios 31 vers 10-31.

San Juán de Dios la santa compasión. Capaz de cargar en brazos al enfermo sin miramiento alguno de gravedad, familia, nacionalidad, raza, edad, etc.

Y Jesucristo, la representación del sufrimiento,  un agitador antimercado  a quien torturan despiadadamente y   luego crucifican, un excéntrico que andaba contando fábulas de misericordia por los caminos del mundo, un desterrado de todas partes, un ser bondadoso y sabio que anda solucionando los problemas de la gente en medio de un clamor torrentoso por la justicia y la verdad como caminos para la redención del pueblo judío que ahora le hace a los palestinos lo mismo que le hicieron los romanos hace 17 siglos y los nazis en época reciente.

Esto es la misa: las Sagradas Escrituras y alguien que las comente con preparación, todo alrededor de la palabra Dios, un ser indeterminado hacia el cual el creyente enfila toda la energía de su fe.

De principio a fin la misa es un ritual perfecto, tan humano como pocas cosas. Si los fieles siguieran al pie de la letra esa fuerza ritual, el mundo entero sería una misa permanente, el paraíso añorado donde el desconocido abraza al desconocido.  Pero luego de la misa nos espera el terrible mundo al que nos sometemos y desde el que golpeamos el ritual. Por esa falta de coherencia entre la vida ritual y la vida fuera del rito me fui hace tanto de la cultura católica y en general de los ritos.

La oraciones, los símbolos, lo enaltecido, todo, hacen de la misa un conjunto armónico que niega lo que parece decir el creyente fuera de toda lógica: el ritual no cambia, yo tampoco. Porque precisamente el objetivo de la misa es el cambio, que la Biblia sea seguida al pie de la letra, es decir que se abandone el terrible mundo.

No toqué 1Pedro cap 3 vers 1-7 y Proverbios 31 vers 10-31 porque el toque quedaba atravesado, los toco aparte.

X es una mujer muy católica pero dice que la mujer es igual al hombre y no debe someterse. Le respondo medio en broma que al pensar así es un poco satánica, que satánico es quien hace una crítica al texto bíblico, que el carácter crítico en sí mismo es un carácter satánico. Lo niega pero así es para los integristas: O somos o no somos. Ser y no ser al tiempo, ambigüedad, fugas, dobleces, eso lo que aleja de la verdad revelada.

La vida nos importa y no nos importa. Decimos que no nos importa y hacemos cosas que muestran que sí nos importa; decimos que nos importa y hacemos cosas que muestran que no nos importa.

La ambigüedad o el fanatismo que asesina a la mujer en Zorba el griego. Siempre en combate la vida  y la muerte. La muerte llevando a la vida, la vida llevando a la muerte. Pero estamos cerca del fin de toda ambigüedad, del fin de la especie ambigua, así de fácil cómo se asesina una mujer o como una mujer se convierte en macho feroz ante el marido paciente o cansado, en el norte como en el sur; la birmana con el cuchillo amenazante para matar a Neruda,  la protestante gringa que envenena maridos o la paisa gruñona que luego ve la misa por televisión y todo el día oye noticias del Papa y predicadores.

Pero todo está preparado para el fin de la especie ambigua. Todo está preparado para la explosión nuclear. Tal vez ni Dios pueda salvarnos. O tal vez no quiera.  Tal vez el tao se cansa del ying y el yang en la mente individual y universal.

Hemos pasado de que la mujer se someta al hombre a que la mujer someta al hombre, de que Dios someta el hombre a que el hombre someta a Dios. De un extremo al otro. Imposible el justo medio.

La vida es sufrimiento en todas partes y en todas las culturas. Y en todas partes y en todas las culturas existen el sufrimiento, el pecado y el delito, para el cual pedimos clemencia en distintas lenguas, “ahora y en la hora de nuestra muerte, amén”.

Todas las religiones, las filosofías, el ritual de la ciencia, el ritual del arte, tienen como fin tratar de evadir el sufrimiento y preparar para la muerte natural o provocada. Estas son las dos bases en las que coinciden no sólo todas las culturas sino todos los hombres. Y ya que la identidad de fines nos hacer hermanos la pregunta siempre por resolver es por qué nos tratamos como enemigos, sin atender al mandamiento Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. O en su versión antigua: Perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Joven, sano, no veas fácil la muerte en otros. Hablamos fácil de la muerte pero anda a que te corten un dedo, anda a que te corten una mano, anda a que te corten una pierna. La muerte consiste en que te cortan todo el cuerpo, con el hacha de un infarto, con la cornada a Ignacio Sánchez Mejías. ¿un hacha, una punta de lanza como cualquier hacha, como cualquier lanza, cortando el delgado hilo de la vida? No, cortando el grueso camello ante el que el más grueso cable de acero es un delgado hilo de coser.

Ataúd tallado a mano no se entromete con la muerte, como dijo alguien. Ataúd tallado a mano es una ampliación de aquello de Polvo eres y en polvo te convertirás. Es una conversación mística desde la cruda realidad. No por el tamaño de la obra, sino por la densidad, soy entre muchos un diminuto Vyasa paisa, un relator más de la brutal guerra colombiana.

Se sueña con el infarto pero tal vez sea mejor la muerte lenta. La depresión psicológica ayuda a matar el cuerpo pero finalmente el cuerpo puede desapegarse de la mente para morir solo. Lo llaman locura. Tal vez todos enloquezcamos instantes antes de morir. Tal vez el organismo nos rompa la conciencia para desatar el lazo de la conexión.

En el último momento pensaremos, sentiremos, nos acompañaremos de ideas o de palabras todas cruelmente realistas o cruelmente esperanzadoras que nos harán desear no haber nacido pero a la vez agradecer la belleza de la vida y de la naturaleza. Que nos harán maldecir a la loca especie inhumana sin remedio y el castigo de haber oído el llanto de un niño y sin lágrima haber llorado tanto como un niño.

La misa nos recuerda siempre: Polvo eres y en polvo te has de convertir.

Los hindúes nos recuerdan que podemos llevar la vida más auténtica y decidida si reencarnamos en un gato.

La ciencia nos dice que el cuerpo no se destruye sino que se transforma.

El arte pone su cuota recordando cómo nos maravillan los sentidos y potenciando su poder alumbrador y sedante como una candelaria.

Buda nos entrega este diálogo sobre el karma y la anulación del deseo en la biografía escrita por el luminoso Deepak Chopra.

­“—Pero eso no puede ser un error —dijo Assaji—.De lo contrario, sería inútil hacer votos. La vida santa tiene que ser diferente de la vida terrenal.

—¿Y si no hay vida santa? —preguntó Buda. Los cinco monjes se sintieron extremadamente incómodos y ninguno contestó—. Veréis, incluso la santidad se ha convertido en alimento para vuestro ego. Queréis ser diferentes. Queréis estar a salvo. Queréis tener esperanza.

—¿Y por qué han de ser malas esas cosas? —preguntó Assaji

—Porque esas cosas son sueños que os adormecen —dijo Buda.

—¿Qué veríamos si no estuviéramos soñando?

—La muerte.

Los cinco monjes sintieron que los recorría un escalofrío. Parecía inútil negar lo que les decía su hermano pero era desesperanzador aceptarlo. Buda dijo:

—Vosotros tenéis miedo a la muerte, como lo tuve yo, y por eso inventáis cualquier historia que alivie vuestros temores y, después de un tiempo, os creéis esa historia, por más que haya venido de vuestra propia mente. —Sin esperar respuesta, estiró el brazo y levantó un puñado de polvo— La respuesta a la vida y la muerte es simple. Reside en la palma de mi mano. Mirad.

Arrojó el polvo al aire; el polvo quedó suspendido como una nube turbia durante un segundo, antes de que se lo llevara la brisa.

— Pensad en lo que acabáis de ver —dijo Buda. El polvo conserva su vida durante un instante efímero cuando lo arrojo al aire, así como el cuerpo conserva su forma durante su breve vida. Cuando el viento lo hace desaparecer, ¿a dónde va el polvo? Regresa a su origen, la tierra. En el futuro, hará que crezca el pasto y se meta en un ciervo que come el pasto. El animal muere y se convierte en polvo”.

*

Me estaban vistiendo de monstruo

y no me gustaba el disfraz.

No soy, saben, hombre violento;

soy un simple hombre de paz.

Me gusta lo suave, no miento

si  juego a ponerme antifaz.

*

El juego, si no fue  una broma,

dañó la personalidad.

Convierte tu mente en guerrera

y le descompone la paz.

*

Qué grande fue la vida,

qué corta fue la dicha.

Qué grandes las heridas

y ya no había espacio para amarlas.

*

Manizales, domingo 14 de abril de 2019