Apuntes. Por Flóbert Zapata Arias

osorio lizarazo

A la hora que sintonizara uno Radio Cóndor, escuchaba clásica. Ahora no. Rompieron la línea. Ahora hay de aquellas franjas que al escucharlas es difícil de aceptar que pertenezcan a una emisora cultural. Porque una emisora cultural puede tener programación de emisoras comerciales pero agregándole otra visión, generalmente la visión crítica. De este modo programar lo que programan las emisoras comerciales es igual a dar más donde hay abundancia.

Toca emigrar a veces a la emisora de la Universidad de Manizales, a la de la Gobernación o a la Radio Nacional.

Podemos cerrar diciendo que emisora cultural es aquella que programa lo que no programan las emisoras comerciales o que programa de manera distinta a como programan las emisoras comerciales.

Siempre bueno el programa de jazz de Carlos Velásquez en Caldas fm, memorias cálidas  del Misisipi o del trópico en estas alturas.

Maravilloso El Salmona, qué acierto. Ese sabor de fuentes de agua y entradas amplias de aire y de cielo, como en el desierto árabe la belleza natural pasando entre columnas. Esos círculos sorpresivos y esas rampas. Ese sabor de que el arte y la ciencia merecen espacio y de que el espacio merece un buen trato, el mejor. Gracias maestro franco-colombiano Rogelio Salmona, gracias Universidad de Caldas.

El perfume se echa de modo que sólo se lo sienta el que le va a dejar el chupado. No podemos obligar a las personas a que huelan nuestro perfume como no podemos obligar a las personas a que escuchen nuestra música o nuestras conversaciones por celular. El hablado, el perfume y la música no pueden ser invasivos. Discreción por favor, elegancia según Wilde: “el arte de pasar desapercibido”. Que el perfume pase desapercibido hasta que lo descubra el que lo tiene que descubrir. Pobre obrero acomplejado que tapa los bellos olores del trabajo con un baldado de perfume. Pobre mundo que se llenó de perfumes hostigantes para el sano  y mortales para el alérgico. Nos echamos un perfume y ya somos de alcurnia. Hemos sido purificados. Como si el olor corporal no fuera nuestro mejor olor. Como si destruir los receptores de percepción del olor corporal fuera una ley.

Cuando estar salado es estar de malas, Manizalados es finalmente el homenaje de un manizaleño a un manizalado. Es el homenaje de Manuel Fernando Jiménez a Bernardo Jaramillo Ossa, carismático candidato presidencial seguido por multitudes crecientes, “venga esa mano país”. En la novela se llama Bernardo Galán, homenaje también al histórico barrio Galán y a José Antonio Galán el comunero colombiano hecho mito por el imperio español.  En la ficción Bernardo Jaramillo Ossa cae mortalmente desde lo alto de un abismo, en la realidad cae al abismo de la muerte desde un atentado con sicarios. Jaramillo Ossa, Galán Zorro, a quienes hay que recordar leyendo Sino sangriento de Miguel Hernández.

Escribo sobre el Gato por el Gato y por la vertiente de poesía que él representa, la poesía periodística, sin que sea sólo esto. La poesía periodística que en Gonzalo Arango mira hacia afuera y en el Gato mira hacia dentro. No como Gonzalo Arango sino al lado de Gonzalo Arango, nos muestra lo que se siente, se goza y se sufre con la vida económica desfavorable que le tocó vivir: parece poco pero interviene tanto. Qué mejor tema para hacer obra que la propia vida. Debería ser lo dominante. La Playita, el perro, el gato, la bicicleta, la banda de metal, la familia, la casa quemada, el sabor de la amistad y del amor, la cruz de la diabetes… Otros definen, el gato se autodefine, en poemas como tatuajes. Se desnuda como San Francisco de Asís, como San Juan de Dios cuando era Juan y recibía desprecio y piedras por ello.

Fue en la inauguración de la Feria del libro, como lo oigo tan poco, reseño que esta vez el presidente dijo algo que valiera la pena, invitó a leer a José Antonio Osorio Lizarazo.

Me asediaron tanto

que tuve que defenderme.

¿Con qué?

Con la verdad.

Con la cruz.

© Manizales, miércoles 24 de abril del 2019