El infierno económico. Por Flóbert Zapata

Vio un letrero: Clínica san Juan de Dios. Se bajó de la buseta. Entró. Le contó al celador. Lo pasaron a urgencias. Está bien. Reflexiona, reconoce. Tiene un proyecto de vida. La droga le da calma. Está listo para irse. Su segunda mujer y su pequeña de cinco años lo esperan. Ambas tan amadas.

Se iba a tirar de un piso alto. Un ángel le dijo detrás del cuello: “Y si quedas vivo y lisiado”. Antes se le iba a tirar a un carro y otro ángel lo jaló del cuello y le increpó: “¿Qué culpa tiene el conductor? Lo vas a meter en problemas”.

¿Cuál era su problema? Económico. Deudas, preste allí, tape allí, el gota cobrando, prestando para no quedarle mal al gota; falsificación de papeles para obtener un empleo. Y tuvo tantos empleos pero todos los perdía, uno de los últimos porque mordió la manzana prohibida: le pidió prestada plata a los clientes. Un largo etcétera anterior. Un semestre de Administración de Empresas, fiaos, préstamos que se volvían de bolsillo, el infierno económico.

Se llama Milton, Jaime, Luis, qué importa. En mayor o menor grado es como todos, padece como todos, quiere redimirse de este pánico económico como otros de otro pánico o del mismo. Mañana cruzará la puerta que lo vio entrar, buscará la puerta de su casa, la de su trabajo, donde lo espera el patroncito que lo apoya en su empleo de asesor comercial, de excelente persona, de maravillosa juventud y fuerza lista para triunfar frente el dinero, para controlarse y no ser controlado por él, para humillarlo y no ser más humillado.

© Manizales, martes 30 de abril de 2019