Puta vida V.Por Flóbert Zapata

MARCELA 

 

— MI MAMÁ LLORABA Y ME DECÍA QUE ME SALIERA DE ESA VIDA —

 

Nací en Manizales en 1982. En mi casa fuimos tres: yo y dos hermanos. Yo fui la menor. Mis dos hermanos han sido muy desprendidos y vivieron siempre lejos de mi mamá y mi papá también era muy poquito lo que le colaboraba a ella. Mi papá era celador y mi mamá no trabajaba porque era muy enferma, se le reventaban las venas várices y le dio un derrame cerebral que la paralizó el lado derecho.

La primaria la estudié en Betania. Del bachillerato estaba repitiendo sexto cuando a mi mamá le dio el derrame y me tocó ponerme a trabajar con billetes falsos. Aquí en Manizales poco, sólo en La Enea, en Villamaría y otros barrios alejados. Viajaba a La Dorada, Honda, Mariquita, con el señor que era el que me soltaba los billetes. Lo que hacíamos lo partíamos pero yo me quedaba con el arroz, el café, el chocolate y las otras cosas que compraba en las tiendas en las que metía los billetes. En cada salida me sacaba noventa, cien.  Nunca me llegaron a coger.  El señor estaba enamorado de mí y me lo decía pero no se atrevía a tener relaciones conmigo porque estaba muy niña. Me desnudaba para él y él se masturbaba y me daba plata a cambio. Dos años duró ese trabajo.

Mi dos primeras relaciones sexuales fueron violaciones, cuando tenía doce años. La primera fue un muchacho de Medellín que se había venido a esconderse donde una vecina que es tía de él porque había matado un muchacho y lo estaban persiguiendo.  Un tarde mi mamá salió con el sobrinito y me quedé sola porque mi papá no llegaba hasta la noche. Él tocó. Me asomé por la ventana y le pregunté qué quería. Me mostró un pocillito y me dijo que si le regalaba un poquito de azúcar. Le abrí, cogí el pocillito y me fui por el azúcar a la cocina y dejé la puerta ajustada. Él cerró la puerta, me arrastró a la fuerza,  me tiró a un camarote, me inmovilizó y me violó. Como yo ya enfermaba le pedí fue que no se me desarrollara adentro para no quedar en embarazo. Apenas pude le metí una cachetada que lo dejó sangrando el labio.  Luego se fue para Medellín y le pegaron una matada la hijuemadre, como de diecisiete tiros. La otra fue un primo de él. Estábamos en una discotequita de Villahermosa, cerca de la casa, tomándonos unos tragos y ya iban a cerrar porque eran las dos de la mañana y estaba cayendo agua y esas calles solas.  Los otros echaron por una esquina y él me cargó y yo “suélteme, suélteme” y me llevó para detrás de la iglesia. Me cogió del pelo y me tiró sobre el pasto de la manga.  Con una mano me cogió del cabello y con otra de la cintura y me violó. Cuando terminó me insultó muy feo y me amenazó para que no fuera a decir nada. Llegué a la casa, me quité el pantalón que estaba vuelto una nada y lo metí debajo de la cama y me acosté a dormir mojada y empantanada. De eso nunca le dije nada a nadie, ni a mi mamá ni a mi papá.

Cuando yo tenía 12 años empecé a salir (a la prostitución). Estuve en Bogotá, donde una señora Elsy: la plata llovía. Aquí también en Manizales en la casa que Gloria tenía en San Joaquín.

Al principio mi mamá lloraba y me jodía mucho hasta que le dije que yo ya no era señorita y que me dejara en paz.

Trabajé en  Tamales, una casa de citas que queda al frente del Parque de los Novios, que antes quedaba en Chipre, de dos de la tarde a once de la noche y luego me iba de amanecida a Bacus, que luego se llamó Royal Club, que ahora se llama de otra manera, y que queda de la plaza de toros para abajo.   Llegaba a mi casa a la ocho o nueve de la mañana borracha.          Mi mamá lloraba y me decía que me saliera de esa vida pero yo le decía: “No mamá, no me diga más cosas, mire que usted nadie la ayuda y yo quiero ver por usted”.

No sé si mi papá sabía porque él siempre había tenido mujeres por otras partes y muy poco le preocupaba lo de la casa. Ahorita va de vez en cuando a la casa y nos saludamos y eso es todo. Tiene otra señora.

En el 2001 me fui para Japón. Allá es muy duro pero rinde. Pagué una deuda de cien millones. Le pagaba empleada a mi mamá para que la cuidara. Me ponían a trabajar de día y de noche. Dormía sólo tres horas, de ocho a once de la mañana.  Todos los días llamaba a la casa. Al año de estar allá mi mamá murió. Hace un mes le sacamos los restos, el 10 de marzo.

En Bogotá, donde una señora Elsy me fue muy bien.

En pueblos me ha ido muy mal, son muy complicados. En Arauca, Salamina. Bien barato y que sin condón.

Nunca me han llegado a pegar.

Tengo un niño que tiene seis años ahora. Quedé en embarazo de un muchacho de Fátima que era policía, porque ya lo echaron. Con las andanzas conocí al muchacho. Viví con él cuatro años pero yo me le volaba y él me dejaba trabajar. Quedé en embarazo de él. Me decía: “Mire, usted ya está en embarazo mío. Usted ya me va a dañar la carrera. Yo no quiero salirme de policía. Aborte ese niño”. Yo le dije: “Ah, listo”. Me averigüé el teléfono de una señora por la venticuatro que colocaba unas sondas. La llamé y le dije que si me podía hacer el aborto. Me dijo que sí, que me costaba cientocincuenta. Él me dio la plata y yo me vine para donde la señora. Cuando llegué me dijo acuéstese, se relaja. Pero yo no tenía tres  meses sino más. El niño venía encajado en la espalda. Yo el embarazo lo tuve enfermando común y corriente.  Yo me colocaba los yines común y corriente. El doctor lo que me explicó a mí es que él niño venía acá en las costilla, que esos casos sí se han visto pero muy pocos. Que él venía encajado y por eso no se notaba el estómago. Le dije a la señora que tenía tres meses pero según eso yo tenía siete meses. Ella me dijo seguro que si tiene tres meses. Yo le dije si. Ella me tocó el estómago. Me metió unas cucharitas para abrirle a uno bien la vagina y de ahí comenzó a meter la sonda. Era una tripita pero muy larga. Ella me dijo: Mire si de pronto le comienza a dar muchos cólicos y esto y lo otro aguántese, aguántese, no se vaya a ir para el hospital y si se va para el hospital sáquese eso, no se vaya a ir con eso. Yo fui un lunes a la casa de ella como a las cuatro de la tarde, salí de allá como a las seis. Me acosté a dormir. A la una de la mañana. Me sentí mojada. Me dije: Pero yo no me oriné, qué pasó. Claro, había reventado ya. Y yo con esos dolores, yo me retorcía en esa cama. Yo pálida. Como a las ocho de la mañana ya no aguantaba. Era martes y yo la llamé. Ay, venga, yo qué hago, yo no aguanto. Esto a mí me va a matar, yo qué hago, yo que me pongo. Yo tomaba aguapanela con canela y a mí no se me quitaba eso. Y ella, no aguántese, aguántese y no me vaya a denunciar a la policía y yo le decía listo, fresca.  Bueno, le colgué. Yo no salí en todo el día de la cama. Como al medio día mi mamá dizque qué le pasa. Y yo no mamá, nada, es que yo no quiero salir hoy, es que estoy muy maluca.  Y mi mamá como no se podía mover tampoco y yo sola con mi mamá. Bueno, yo la volví a llamar y la llamé toda la tarde: Yo qué hago, yo qué hago, ayúdeme, ayúdeme. Que no aguántese, aguántese. Hasta que por la noche que llegó mi papá a las siete de la noche yo ya no daba más. Ahí miso abrí la puerta y mi papá que ay, a usted qué le pasó. Y ahí mismo me bañaron con agua caliente, yo no me acuerdo ni quién fue la que me ayudó a bañar y ahí mismo para el hospital. Y yo dije yo no me aguanto más y me fui para el baño y me saqué eso y lo metí en una bolsa y lo llevé para la basura. Cuando llegamos al hospital me pusieron en una camilla y ahí mismo un muchacho que él me iba a hacer el tacto y  me lo hizo y que no que esta muchacha hay que llevarla para la sala de partos porque este niño se vino. Entonces yo le dije ay no, déjenme ir al baño que yo tengo ganas de dar del cuerpo. Entonces en el baño yo era pujando y me oyeron, quizque ay, esta se le va a venir ese muchachito allá y de una me llevaron para sala de partos y nació el niño. Nació de siete meses y yo fui la que quedé mal. Quedé dos días en el hospital y quedé pesando 37 kilos. El embarazo lo lloré mucho, me la pasaba aburrida llorando. Yo solamente comía mandarinas. Ahorita él tiene el niño, me lo deja ver de vez en cuando. El niño está divino. Él dice que me lo da pero que si me voy a vivir con él, que yo no tengo necesidad de estar por ahí así, que yo no sé que, pero es que yo ya no lo quiero.

Después de que yo me vine de Japón tuve problemas con el papá del niño que por qué no le mandaba para una moto, que por qué no lo ayudaba a salir de pobre.

A él lo echaron porque yo una vez me enfermé de amigdalitis y se la pegué a él y él mismo se dio las vacaciones y no fue a decir nada, él no fue a trabajar como una semana y por eso lo echaron.

Le dije al novio de una amiga: Qué rico irse uno para Japón. ¿Usted quiere? Yo le ayudo. Yo tengo una vieja que la manda. Ah, dígale a ver. Y él le contó y ella fue a la casa a verme y no, como yo estaba de 45 kilos. Me dijo: usted no está tan gorda, no hay necesidad de mandar fotos, yo la mando ahí mismo de una. Voy a mandar a decir que me manden el pasaje. Y yo le dije, cómo es eso. Y ella dijo, no, eso allá en ocho meses usted paga la deuda, eso es muy relajado por allá, a usted le va muy bien, que yo no sé qué y allá las tratan muy bien.  Yo dije, ah, yo me voy a ir. En una semana hice vueltas y todo eso y un vienes salí. Llegué al aeropuerto. Inmigración: Que yo a qué iba. Dije. Yo vengo a estudiar cortes de cabello, soy estilista, yo quiero mirar cortes de por acá. Bueno, me dejaron pasar. Yo era esperando en el aeropuerto a que me recogieran cuando un señor dizque Jay, y yo ah, hola. Del aeropuerto hasta donde me tocaba que ir eran tres horas. Este señor era el esposo de esta señora.  Los dos bolivianos. Boliviano pero con residencia ya japonesa porque el papá y la mamá son japoneses. Los dos bolivianos pero yo no sé qué hablaban porque estaban hablando era japonés. Yo con la duda de qué estaban hablando, que esta vieja qué. Me llevaron al apartamento de la señora y ella comenzó a hablarme de todo.

Yo llegué el domingo por la tarde y por la noche me pusieron a trabajar.

Los clientes eran no sólo japoneses sino de todo el mundo: pakistaníes, hindúes, Bangladesh, bolivianos, ecuatorianos, peruanos, colombianos, americanos, israelitas, iraníes.

La señora era muy aburridora, muy cansona, muy grosera. Por ejemplo si a las niñas no le rendía y no le llevaban plata les echaba los de la mafia para que les pegara. Les pegaban con bates, con sillas. Unas sí se cuadraban. Las otras no tenían la misma suerte y les hacía dar más duro.

A mí al principio no me iba bien pero después cuando la despegué, sí. Hay niñas que se demoran mucho para pagar la deuda. Yo me fui el 21 de mayo y en enero, a los ocho meses, ya había pagado la deuda. Pero trabajando día y noche. A los ocho mesesitos. De ahí en adelante trabajaba para mí.  Sacaban plata por todo. Yo no podía comprar la caja de los preservativoa en una parte. No, ellos mismos se la traían. Cajas como de cien preservativos y un platal el berraco una caja de condones. El aceitito, eso también se lo cobraban a uno caro. Cada mes hay que pagarle la plata de la mafia.

Por el lugar donde se trabaja, que son como unas vitrinas, había que pagar treinta mil yenes, que son como medio millón de pesos diarios.

Es una cuadra larga y ahí están las mujeres trabajando. Son puertas de vidrio y el cliente abre, entra, le echa seguro, cierra la cortina, sube al segundo piso y ahí hay un colchón solamente y una piecita. Abajo también es muy pequeño, hay una barra y el baño y las escaleras y ya.  Si va a caminar camina sobre el colchón. Es un callejón larguísimo. Hay tailandesas, coreanas, rumana, rusas, filipinas, mejicanas, peruanas pero muy poquitas, colombianas si hay muchas, japonesas también.  Cada vitrina tiene su nombre: Happy… A uno la cambian de vitrina todos los días. Entonces yo le decía, no a mí no me cambie porque aquí tengo mis clientes y aquí vienen y me buscan ya. Yo tomé una vitrina fija. Desde que yo la tomé en forma ya me iba bien porque los clientes ya sabían dónde estaba uno y no tenía que poner a busca por ahí.

Fuera de lo que pagábamos de las vitrinas, nosotros teníamos que pagar el apartamento también. Yo no sé de dónde sacaba uno tanta plata, ay, Dios mío. Le pagaban a uno como 10.000 yenes que en plata de acá son como 280 (mil) por rato. Yo le dije a la señora: Yo ya tomé esta casita para mí y yo le respondo a usted diario por la plata, yo me voy a quedar aquí, porque la ropa la lavaba en lavadoras que lavan la ropa y la secan, yo le dije acá hay donde meter uno la ropa, yo me voy a quedar acá un buen tiempo, yo me voy a vivir acá y no le voy a seguir pagando a usted más arriendo. Se enojó: Usted cree que hace lo que le da la gana, eso no se puede, eso es obligatorio para todas, ya todos se van a venir a vivir aquí y eso no se puede….

Esa señora, cuando se murió mi mamá me llevó para el apartamento de ella y se manejó lo más de bien conmigo una semana. Me dijo perdóneme María por haberla tratado así pero si no hubiera sido así usted no hubiera salido adelante. Miré que usted ahorita que salió adelante usted no cambió, usted sigue siendo la misma. Usted siguió trabajando para mí porque muchas cuando terminan de pagar consiguen marido y se abren.