Una limosna que me doy a mí mismo. Por Flóbert Zapata Arias

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Filadelfia, obra de Marino Antonio Estrada.

Doña Nohemy Betancur fue mi maestra de primero primaria. Ese año fue uno de los años más bonitos de mi vida por el trato tan bueno que ella me daba. Cuánto me quiso y cuánto la quise, aunque nunca hubo expresión directa de ese amor ni de parte suya ni de parte mía sino yo en ser un buen alumno y ella en ser una gran profesora. Todos los días la esperaba a que saliera de la casa y le llevaba los libros; qué orgullo tan grande sentía de llevarle los libros, de caminar a su lado. Era un honor que me concedía a mí y nunca vi que se lo concediera a nadie.

Recuerdo que una vez le tocó tienda y preparó leche en polvo con azúcar envuelta en  papel en forma de cono y me puso a venderlos antes de clases, los vendí todos, a cinco centavos. Me instruyó bien y seguí sus instrucciones al pie de la letra, primero la plata, cuidado con los avivatos, la venta fue un éxito, el bolsillo del pantalón corto quedó pesado.

Recuerdo otra vez que para formar un jeroglífico con la palabra opaco,  nos indujo a formar la palabra citando a Paco, a don Francisco Villegas, un señor que siempre me inspiró sentimientos positivos aunque nunca conversé con él. Qué bonita personalidad la de don Francisco.

Mi tercer recuerdo fuerte se relaciona con que fui el primero al que sacó al tablero para ensayar si habíamos aprendido a leer. La frase no la recuerdo pero tenía la palabra almuerzo. La escribí bien y se sintió orgullosa de mí. Muy bien, siéntese Zapata. Qué dulzura recordar su voz.

Luego de poeta traicioné a doña Nohemy, la cultura había hecho de mí un traidor. Escribí un poema en Dos voces en el que hablaba de sus “pellizcos patibularios”. En la escuela se decía que había pellizcado a algún grosero pero yo nunca lo vi. En todo el año primero nunca pellizcó a nadie. Creo que esa fama de pellizcadora era fama y nada más, quién sabe si intencionada. Es un poema injusto. Era seria doña Nohemy, sonreía poco pero siempre era amable y culta, además de medidamente estricta.

En sus últimos años la vi en Filadelfia, me sentí muy mal y no tuve la claridad para acercármele y decirle Doña Nohemy, la adoro, la adoraré siempre, perdóneme ese poema, esa estupidez. Lo que debiera haber hecho era tachar ese poema en cada libro, no lo hice; lo tacho ahora de mi obra. Le quito el nombre.

Ya muerta ella, esta nota es un acto de egoísmo, para curarme. Debí hacer esta nota en vida, para curarla. De modo que esto que digo es una limosna que me doy a mí mismo.

© Manizales, sábado 20 de abril de 2019. 10.45 p.m.

En carne propia. Por Flóbert Zapata Arias

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Iglesia de Honda.

Juan es un creyente portugués que terminará de santo merecido en España: San Juan de Dios. A los doce años es pastor, luego participa en guerras como soldado, casi es colgado en la horca por un descuido administrativo. Regresa a Portugal para recordar su infancia pero sus padres están muertos. De nuevo en España, este hombre del 1500 se hace vendedor de libros religiosos y estampas. Enloquece por lo que enloquecemos todos, por la idea de la enfermedad y la muerte. Camina desnudo por las calles y la gente le tira piedras. Organiza su mente y se dedica a la solidaridad con los pobres y los enfermos. Funda un hospital en una casa y otro. Tratando de salvar a un muchacho imprudente que se metió al río en el helado invierno coge una pulmonía y muere.

Amparo (nombre cambiado) es una Juan de Diosa. Tiene un empleo, esposo e hijo,  vive en Manizales y su padre en Pereira. Pero su anciano padre enferma. ¿Qué hace Amparo? sanJuandediosea. Toma decisiones irracionales, según unos. Renuncia al empleo, alquila la casa y se va a vivir a Pereira para cuidar a su padre. Tiró todo egoísmo por la borda como Juan y  anda desnuda de intereses personales,ante su familia, que ya es mucho. En estos tiempos rudos en los que los hijos le venden la casa al padre y lo tiran a un ancianato.

Con católicos así la religión es cosa muy distinta de la degeneración que vemos. Gente rezandera y mala. Como decía Cristo, por fuera bonitos y por dentro podridos, ostentosos y miserables sepulcros blancos, sarcófagos llenos de carroña. Rezanderos e insensibles. Inmortales.

© Manizales, viernes 19 de abril del 2019

Procesión con sombrillas. Por Flóbert Zapata Arias

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Obra de una artista en Bogotá cuyo nombre no recuerdo.

La Sultana. Procesión de Viacrucis con lluvia insistente y mediodía paramoso. Como si Cristo les dijera Váyanse para la casa, perversos, hipócritas, que bien malos son, un rezo de ustedes es un como un gargajo que cae al agua de la taza con sonido de cucaracha gorda aplastada de una por el zapato.

Pero en toda esa masa desagradable a la vista hay gente buena, probadamente buena para cualquier estándar cultural. Esos, esos son los que honran la especie humana y la memoria de Jesucristo, los que sostienen al verdadero Jesucristo, el icono de la libertad en la fe.

Porque en toda fe hay problemas, el persa Omar Kahyam les recordaba a los musulmanes: Vale más el eructo de un hombre cagado de la perra que el rezo de un hipócrita.

© Manizales, viernes 19 de abril del 2019

 

Vuelve el Gato Iban de Jesús Alarcón. Por Flóbert Zapata

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Foto: Ibán de Jesús Alarcón el Gato.

“Donde la vuelta de lo duro es volver”. De diarios pedaleos en gatocleta. Ibán de Jesús Alarcón

 

La cotidianidad le está negada  a la poesía. Pero hay poetas que se meten tanto en la cotidianidad que ni el más grande poder puede impedir que sean leídos. La cotidianidad, sin embargo, no bastaría sin un sello fundamental, el sello de la autenticidad. He andado a pie tanta poesía y Gato sólo hay uno: un gato que es muchos gatos a la vez: tenaz fotógrafo ya con película, metalero, actividades que practica sin nada en los bosillos,  con la piedad de la poesía y de los que creen en los poetas a los que no traiciona la pinta; o con oficios de ocasional obrero  de la metalistería, tatuado tatuador o peluquero.

El gato juguetón que a la vez que celebra nos está recordando que de pronto por decir Ya es la hora del almuerzo, decimos Ya es la hora de la muerte; es decir el Gato elegíaco y autoelegíaco, porque morimos en vida. El poeta que habla con las palabras de la gente, o sea las suyas, para que lo entiendan y eso basta.

Alejado de la academia, sin aspirar a las enciclopedias, el gato debe quedar en las obras críticas más exigentes por el misterio de que su palabra no tenga misterios y sea en apariencia más un fluido que una construcción. Nada importa la estilística en esta obra que es pura alma, de barrio pobre, de gato o de bicicleta. Que vagamente recuerda los viajes en moticicleta del segundo Jesucristo, del Jesucristo latinoamericano Ernesto Guevara, o del San Juan de Dios latinoamericano, como quieran.

Pedaleando y escribiendo, el cuerpo dándole a su Gatocleta y la mente dándole a su poesía, ese Gato sí sirvió,  cada vez es más gato y le explota más la personalidad y le explotan más libros, contrario al pobre niño escolar al que van llenando de personalidades, de las que se libra en la explosión de la adolescencia para comenzar a llenarse nuevamente en otra dimensión y de dimensión en dimensión pasará hasta que sólo pueda ser libre a la hora de la muerte.

Ya que no lo premia la institucionalidad, la hermosa edición de Uniediciones en su colección Textos Cautivos es un premio de la vida a este humilde y recto hombre de Belalcázar, municipio que debería otorgarle el estímulo de una beca de por vida a una realidad de la cultura y no sólo de la literatura que es el ciudadano Ibán de Jesús Alarcón. Con arte también se hace ciudadanía y mucha y de la buena.  Formato grande, papel propalibro beige, cuidada edición. Y lo mejor, la compañía en cara o cruz de un gran escritor de alma muisca, Camilo Morales Neisa, otro dechado de autenticidad, de cotidianidad y de historia ancestral, de quién hablaremos en otra ocasión y a quien le leímos con asombro De plenilunio y otras historias,tan bien comentado en la contracarátula por Octavio Escobar Giraldo.

Manizales, miércoles 17 de abril del 19

La misa y tres poemas breves. Por Flóbert Zapata

armaos los unos a los otros

Me fui hace tanto de la cultura católica que ahora que entro en ella con todo respeto veo sus maravillas como si nunca las hubiera visto, las que no veía antes por la ceguera que implica la tradición,  por el exceso, por las manchas, por los genocidios, por la beligerancia,  por la intolerancia con el distinto, por la Inquisición, por la obligatoriedad o, verbo y gracia, por el reflejo condicionado de que mi mamá me mandara el sábado en ayunas a una misa del colegio de 7 de la mañana y yo me maluquiara, toda la larguísima misa de pie: ¡Tiene la cara verde! Recuerdo antes al maestro tomando lista para sancionar al que no asistiera y entonces bajaba uno en los puestos. No fui brillante en el colegio, no estaba hecho para la memoria sino para el pensamiento. Siempre ocupé últimos puestos en ese desgraciador sistema.

 

Estuve en misa en San Juan de Dios. Fue una experiencia bonita y conmovedora.  Un ritual de la esperanza y el consuelo. Tres imágenes: La Virgen María,  Jesucristo y San Juan de Dios, en ese orden y con ese centro. Acompañados por un pastor con bastón, calabaza con miel y frutos.

María la reunión de las virtudes de una madre perfecta en su humanidad y humana en su perfección y de una esposa claramente dichas en 1Pedro cap 3 vers 1-7 y Proverbios 31 vers 10-31.

San Juán de Dios la santa compasión. Capaz de cargar en brazos al enfermo sin miramiento alguno de gravedad, familia, nacionalidad, raza, edad, etc.

Y Jesucristo, la representación del sufrimiento,  un agitador antimercado  a quien torturan despiadadamente y   luego crucifican, un excéntrico que andaba contando fábulas de misericordia por los caminos del mundo, un desterrado de todas partes, un ser bondadoso y sabio que anda solucionando los problemas de la gente en medio de un clamor torrentoso por la justicia y la verdad como caminos para la redención del pueblo judío que ahora le hace a los palestinos lo mismo que le hicieron los romanos hace 17 siglos y los nazis en época reciente.

Esto es la misa: las Sagradas Escrituras y alguien que las comente con preparación, todo alrededor de la palabra Dios, un ser indeterminado hacia el cual el creyente enfila toda la energía de su fe.

De principio a fin la misa es un ritual perfecto, tan humano como pocas cosas. Si los fieles siguieran al pie de la letra esa fuerza ritual, el mundo entero sería una misa permanente, el paraíso añorado donde el desconocido abraza al desconocido.  Pero luego de la misa nos espera el terrible mundo al que nos sometemos y desde el que golpeamos el ritual. Por esa falta de coherencia entre la vida ritual y la vida fuera del rito me fui hace tanto de la cultura católica y en general de los ritos.

La oraciones, los símbolos, lo enaltecido, todo, hacen de la misa un conjunto armónico que niega lo que parece decir el creyente fuera de toda lógica: el ritual no cambia, yo tampoco. Porque precisamente el objetivo de la misa es el cambio, que la Biblia sea seguida al pie de la letra, es decir que se abandone el terrible mundo.

No toqué 1Pedro cap 3 vers 1-7 y Proverbios 31 vers 10-31 porque el toque quedaba atravesado, los toco aparte.

X es una mujer muy católica pero dice que la mujer es igual al hombre y no debe someterse. Le respondo medio en broma que al pensar así es un poco satánica, que satánico es quien hace una crítica al texto bíblico, que el carácter crítico en sí mismo es un carácter satánico. Lo niega pero así es para los integristas: O somos o no somos. Ser y no ser al tiempo, ambigüedad, fugas, dobleces, eso lo que aleja de la verdad revelada.

La vida nos importa y no nos importa. Decimos que no nos importa y hacemos cosas que muestran que sí nos importa; decimos que nos importa y hacemos cosas que muestran que no nos importa.

La ambigüedad o el fanatismo que asesina a la mujer en Zorba el griego. Siempre en combate la vida  y la muerte. La muerte llevando a la vida, la vida llevando a la muerte. Pero estamos cerca del fin de toda ambigüedad, del fin de la especie ambigua, así de fácil cómo se asesina una mujer o como una mujer se convierte en macho feroz ante el marido paciente o cansado, en el norte como en el sur; la birmana con el cuchillo amenazante para matar a Neruda,  la protestante gringa que envenena maridos o la paisa gruñona que luego ve la misa por televisión y todo el día oye noticias del Papa y predicadores.

Pero todo está preparado para el fin de la especie ambigua. Todo está preparado para la explosión nuclear. Tal vez ni Dios pueda salvarnos. O tal vez no quiera.  Tal vez el tao se cansa del ying y el yang en la mente individual y universal.

Hemos pasado de que la mujer se someta al hombre a que la mujer someta al hombre, de que Dios someta el hombre a que el hombre someta a Dios. De un extremo al otro. Imposible el justo medio.

La vida es sufrimiento en todas partes y en todas las culturas. Y en todas partes y en todas las culturas existen el sufrimiento, el pecado y el delito, para el cual pedimos clemencia en distintas lenguas, “ahora y en la hora de nuestra muerte, amén”.

Todas las religiones, las filosofías, el ritual de la ciencia, el ritual del arte, tienen como fin tratar de evadir el sufrimiento y preparar para la muerte natural o provocada. Estas son las dos bases en las que coinciden no sólo todas las culturas sino todos los hombres. Y ya que la identidad de fines nos hacer hermanos la pregunta siempre por resolver es por qué nos tratamos como enemigos, sin atender al mandamiento Perdona nuestras ofensas como nosotros perdonamos a los que nos ofenden. O en su versión antigua: Perdona nuestras deudas como nosotros perdonamos a nuestros deudores.

Joven, sano, no veas fácil la muerte en otros. Hablamos fácil de la muerte pero anda a que te corten un dedo, anda a que te corten una mano, anda a que te corten una pierna. La muerte consiste en que te cortan todo el cuerpo, con el hacha de un infarto, con la cornada a Ignacio Sánchez Mejías. ¿un hacha, una punta de lanza como cualquier hacha, como cualquier lanza, cortando el delgado hilo de la vida? No, cortando el grueso camello ante el que el más grueso cable de acero es un delgado hilo de coser.

Ataúd tallado a mano no se entromete con la muerte, como dijo alguien. Ataúd tallado a mano es una ampliación de aquello de Polvo eres y en polvo te convertirás. Es una conversación mística desde la cruda realidad. No por el tamaño de la obra, sino por la densidad, soy entre muchos un diminuto Vyasa paisa, un relator más de la brutal guerra colombiana.

Se sueña con el infarto pero tal vez sea mejor la muerte lenta. La depresión psicológica ayuda a matar el cuerpo pero finalmente el cuerpo puede desapegarse de la mente para morir solo. Lo llaman locura. Tal vez todos enloquezcamos instantes antes de morir. Tal vez el organismo nos rompa la conciencia para desatar el lazo de la conexión.

En el último momento pensaremos, sentiremos, nos acompañaremos de ideas o de palabras todas cruelmente realistas o cruelmente esperanzadoras que nos harán desear no haber nacido pero a la vez agradecer la belleza de la vida y de la naturaleza. Que nos harán maldecir a la loca especie inhumana sin remedio y el castigo de haber oído el llanto de un niño y sin lágrima haber llorado tanto como un niño.

La misa nos recuerda siempre: Polvo eres y en polvo te has de convertir.

Los hindúes nos recuerdan que podemos llevar la vida más auténtica y decidida si reencarnamos en un gato.

La ciencia nos dice que el cuerpo no se destruye sino que se transforma.

El arte pone su cuota recordando cómo nos maravillan los sentidos y potenciando su poder alumbrador y sedante como una candelaria.

Buda nos entrega este diálogo sobre el karma y la anulación del deseo en la biografía escrita por el luminoso Deepak Chopra.

­“—Pero eso no puede ser un error —dijo Assaji—.De lo contrario, sería inútil hacer votos. La vida santa tiene que ser diferente de la vida terrenal.

—¿Y si no hay vida santa? —preguntó Buda. Los cinco monjes se sintieron extremadamente incómodos y ninguno contestó—. Veréis, incluso la santidad se ha convertido en alimento para vuestro ego. Queréis ser diferentes. Queréis estar a salvo. Queréis tener esperanza.

—¿Y por qué han de ser malas esas cosas? —preguntó Assaji

—Porque esas cosas son sueños que os adormecen —dijo Buda.

—¿Qué veríamos si no estuviéramos soñando?

—La muerte.

Los cinco monjes sintieron que los recorría un escalofrío. Parecía inútil negar lo que les decía su hermano pero era desesperanzador aceptarlo. Buda dijo:

—Vosotros tenéis miedo a la muerte, como lo tuve yo, y por eso inventáis cualquier historia que alivie vuestros temores y, después de un tiempo, os creéis esa historia, por más que haya venido de vuestra propia mente. —Sin esperar respuesta, estiró el brazo y levantó un puñado de polvo— La respuesta a la vida y la muerte es simple. Reside en la palma de mi mano. Mirad.

Arrojó el polvo al aire; el polvo quedó suspendido como una nube turbia durante un segundo, antes de que se lo llevara la brisa.

— Pensad en lo que acabáis de ver —dijo Buda. El polvo conserva su vida durante un instante efímero cuando lo arrojo al aire, así como el cuerpo conserva su forma durante su breve vida. Cuando el viento lo hace desaparecer, ¿a dónde va el polvo? Regresa a su origen, la tierra. En el futuro, hará que crezca el pasto y se meta en un ciervo que come el pasto. El animal muere y se convierte en polvo”.

*

Me estaban vistiendo de monstruo

y no me gustaba el disfraz.

No soy, saben, hombre violento;

soy un simple hombre de paz.

Me gusta lo suave, no miento

si  juego a ponerme antifaz.

*

El juego, si no fue  una broma,

dañó la personalidad.

Convierte tu mente en guerrera

y le descompone la paz.

*

Qué grande fue la vida,

qué corta fue la dicha.

Qué grandes las heridas

y ya no había espacio para amarlas.

*

Manizales, domingo 14 de abril de 2019

Coplas y algo más. Por Flóbert Zapata

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Esta obra de Gustavo Villa Carmona dice muchas cosas. Dice que el primer tabú es la primera guerra. Recordemos que no hay guerra, es decir locura, que no nazca de la codicia, hija del tabú de la propiedad. Pero la raíz de toda guerra está no en la mutilación física del individuo sino en la mutilación de su personalidad. De la mutilación de la personalidad nace el mutilador y nace el mutilado. Cuando la inocencia natural es rota por las perversiones de la cultura. Cuando el hombre es arrancado de la comunidad mental y es víctima de la soledad, la depreciación y la incertidumbre.

No frunzas el ceño madre

como a ti te lo fruncían.

No me des tu autoridad

sino tu sabiduría.

La vida fue ese silencio

que no pudo comenzar.

Qué tarde para la vida

y qué tarde para amar.

La vida sigue llorando,

la muerte sigue sonriendo

y todo aquello que aprendo

se va como eternizando.

Está mi papá bramando

como si bramara el cielo,

está mi papá muriendo

y no lo salvan mis besos.

Yo no entendía nada,

simplemente sufría,

era una pesadilla

el sol de cada día.

El mundo era una guerra permanente

y ahora es una vida para armar,

he recibió todo de la gente

y se me van las ganas de llorar.

Es hermoso el principio,

es hermoso el final,

lo duro fue el camino,

lo duro fue lo humano.

Penar es caer sin saberlo,

las penas son insobornables;

si la reclusión me atenaza,

la pena moral me deshace.

Cansado de la vida,

volví al primer amor;

al principio una herida,

al final un dolor.

Te lo digo amor de un día,

te quiero tanto, te adoro,

daría toda mi plata

por tu corazón de oro.

Yo nunca leí un libro sobre la anarquía. Sólo digo libertad y verdad. Que cada persona sea un misterio a descifrar es la peor desgracia del mundo.

La olla vacía de la muerte para el muerto como la olla vacía de la vida para la familia hambrienta.

Ofrezco el amor y no lo reciben, lo tiro a la basura y lo recogen.

Manizales, jueves 11 de abril de 2019

Poemas chilenos.Por Flóbert Zapata

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Foto: Bogota.

DICEN

Dicen que fue de la próstata

de lo que murió Neruda.

Digamos pues que a la próstata

la mató la dictadura.

 

DICE ALLENDE

Cuando la luz que encadena

nos conduce hacia la pena

sembradora de la nada,

una sombra enamorada

nos llega en forma de vena.

 

Al disparar dice Allende:

si un guerrero se defiende

la esperanza no se cierra,

desde el fondo de la tierra

una alameda se enciende.

 

GUARDA SILENCIO  

En usted Pablo Neruda

un poeta de los buenos.

Me conozco todo Chile

aunque nunca vi un chileno.

 

Todo cuanto sé del mundo

lo conocí de sus versos;

les procuraba su voz

pero los firmaba el pueblo.

 

Tan grande su amor a Chile

que Chile lo va siguiendo.

Entrar en su geografía

igual a entrar en su pecho.

 

En su nombre hallaba luz

todo lo que iba naciendo.

A Chile usted fue a nacer

desde la patria del viento.

 

Sus versos vivos expresan

que sobran los monumentos.

Los del Canto General

nunca escaparán de adentro.

 

Pausado fue su llorar

cuando Allende estaba ardiendo.

Desde entonces la esperanza

rodó triste por los puertos.

 

Fusiles desde la tierra.

Bombarderos desde el cielo.

Callaron todos los pobres.

El cielo aun guarda silencio.  

 

POR SUS CICATRICES

Por Isla Negra se entra a Chile.

Por una casa en ruinas

y secos cuerpos de cigarras,

de haber cantado tanto.

Por una frágil cama

rodeada de partículas

de lo que fueran barcos en botellas,

en la que muere un hombre sin morir

con la pluma empuñada.

Por el blues inaudible de un ataúd proscrito

alzado por cien sables.

A un pueblo se entra por sus cicatrices.

 

QUIERO EN TI LO QUE TIENES

Amada, patria mía, mi leche, compañera   

en la que sueño noches de panes apacibles.

 

Quiero en ti lo que tienes de dignidad y flor,

de cantos ancestrales y de luna que insiste.

 

Quiero en ti lo que tienes de Neruda,

lo que entregas de verbo que sonríe.

 

Los suspiros mestizos que en versos amorosos

con su azúcar sollozan y con su sal reviven.

 

Su hermandad sin fronteras,

su amor que de lo blanco llega a esfinge,

 

una carta que sale de ti mismo

y que él tan sólo firma con  humildad sin límites.

 

El alma del pasado

que ha vuelto y en raíces sobrevive   

 

y bebe tu café  

con reflejos de sangre y de rubíes.

 

Y odio en ti lo que en él te niegas tú,

aquello que en él matas y maldices.

 

BAJANDO VA NERUDA

Bajando va Neruda, va bajando

a exilios, a escondites, a climas, a embajadas.

Baja  a los caracoles y los vinos.

Baja a los mascarones y los besos,

a venas de mendigos,

a crónicas con hongos, para amarlas.

Bajando va a los pechos de la tierra

para chupar la leche negada a la memoria,

para restituir despojamientos,

para brindar común y comunero.

Bajando, va bajando,

si la luz se desvía, a contraluz;

a contravía si la muerte llama.

Andando por el iris de los monstruos,

lamiendo las heridas de los tristes.

Bajando, va bajando eternamente.

 

MORIR NERUDA NO SABÍA

Morir él no sabía,

Muriendo no lo mires.

Tenía piedras donde los otros tienen ojos

y un par de labios grises para la ruda boca

que muerde al corazón.

Sólo sabía dar

palomas como llaves o cabellos

y tenderle escaleras al verano.

Nacían en neblina sus palabras.

Le entregaba canciones al abismo.

Cada día de vida

sabía morir menos,  llorar más.

Sólo podía ser ola que de repente

se quedaba indecisa,

desarmada y pensaba:

oh, ventanales rotos a pedradas,

allanamientos pérfidos en los que los recuerdos

se van de uno en uno en manos de los guardias.  

Míralo palpitando, edificando,

en lentos funerales con trompetas de miedo

donde faltaron manos y sobraron cláveles,

donde sobraron ojos y faltaron mejillas,

no lo mires muriendo.

 

GRAFITEROS CAOBA

Tiró el Canto General

semillas contra la guerra

para que abriera la tierra

los surcos de El Capital.

Sobre los muros de cal

los grafiteros caoba.

¿Latinoamérica boba?

¿Latinoamérica muda?

Renace Pablo Neruda

en el sueño de la loba.

Manizales, domingo 30/ dic/ 2018

© Flóbert Zapata, dic / 2018