El teatro de la humillación (crónica)

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Hace diitas, va Wadis al Banco de la República de Manizales a entregar su última revista, en la que salimos en portada, se abraza con el funcionario, siéntese, muchas gracias, tan amable, siéntese en esta silla estratégicamente ubicada para que vea el número anterior en el cesto de la basura. Oye  ——, qué pena, una preguntica, qué hace la revista en la basura, a qué pena, seguro la aseadora la tiró por equivocación. Respete a las aseadoras, ultraderecho es el hipócrita y es el que odia al humilde.  De estos teatros Wadis puede contar millones de millones en todas partes porque hay un sistema ultraderecho nacional que abarca lo privado y lo público. Igual yo.

© Flóbert Zapata

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Treinta años del asesinato de Héctor Julio Ortiz (1988-2018)

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““Héctor Julio Ortiz Valencia”¡Presente! Presente en las barricadas de tiza de los educadores. Presente en los pliegos de peticiones, y presente en las solicitudes respetuosas. Presente en el corazón de las luchas populares. Antonio Mejía Gutiérrez”

Tres muertes extrañas.

En Bogotá el año pasado un venezolano mató a un hombre en su casa, a la que lo había invitado a unos tragos. El hombre era sindicalista.

En Manizales el año pasado en un burdel un mesero mató a un hombre. El hombre era sindicalista.

Y 8 de junio de 1988 en unos tragos en Arauca, Caldas, un policía de civil mató a Héctor Julio Ortiz, presidente del sindicato de educadores de Caldas, Educal..

Héctor Julio Ortiz era un ser humano de una grandeza, de una luminosidad, de una inteligencia, que uno se siente estremecido con el simple recuerdo.

A Antonio Mejía Gutiérrez, uno de esos poetas grandes que el viejo Caldas le ha dado a Colombia, le debemos estas palabras:

Héctor Julio Ortiz Valencia”¡Presente! Presente en las barricadas de tiza de los educadores. Presente en los pliegos de peticiones, y presente en las solicitudes respetuosas. Presente en el corazón de las luchas populares. Héctor Julio Ortiz Valencia víctima de un absurdo ataque, su juventud se fue yendo por el pequeño, oscuro, interminable laberinto de la muerte. La muerte que nos ronda, la muerte que sigue los pasos de los hombres buenos, de las mujeres amables, de las niñas florecidas, de los muchachos con esperanza.

También lo veo llegar a mi modesta oficina de trabajador del Derecho en busca de un memorial a favor de la vida, inquietando a los estrados para la salvación una viuda, fatigando los papeles a favor del derecho de los maestros de vereda, de los educadores abnegados, de los docentes con hambre.

Tenía una risa abierta y amplia, con el sentido del humor que siempre anima las almas limpias. Tenía las manos prontas para el apretón solidario y el abrazo cordial. Tenía unos cuadernos escritos para los niños y un memorial de agravios contra las injusticias. Era un educador. Era un combatiente de la palabra. Era un compañero.

La muerte que nos ronda, las muertes propias. Yo no sé, ya no puede la república con más cruces, ya nos pesa demasiado tanto crucificado a la espalda, ya no podemos más. También se ha llevado a Héctor Julio. Paz a su tumba. Cariño a su memoria

http://abrelamemoria.com/sindical/HectorJulioOrtiz.html

Derrumban a cualquiera

En facebook hay varios teatros y agresiones, menciono algo, de poetas ultraderechos.

Los teatros, matar un ateo, de Ómar Garzón, como ese amigo suyo, o se convierte o perece. Matar un poeta, de Jean Paul Saimon, para qué matar un poeta, para verlo caer.

Y claro, lo soez de Albeiro Arias.

Ellos, Ómar, Jean Paul y Albeiro, dirigirán otros fastidios o teatros, algunos macabros.

Toda una operación psicológica para derrumbarte e  impedirte hablar. En la vida real cuando sales a la calle ellos son los primeros que te encuentras, sonrientes, para hacerte el próximo teatro. No les dices nada porque no tienes a nadie más porque ellos te impiden tenerlo y porque estás inocente y confundido. Al final tú piensas que todo el mundo es así, entras en depresión, en la locura, te enfermas y caes, de eso se trata.

Son millones de teatros y millones de fastidios y agresiones a tu autoestima. A mí me salvó la filosofía oriental.  Me salvó la filosofía del desapego. Me encerré. Y las poquitas veces que salía la vida me la hacían desaparecer desagradable. El poeta Juan Carlos Salazar me buscaba mucho para decirme cosas amablemente, que esa camiseta es chavista, que esto, que lo otro. ¿Quién te mandaba, Juan Carlos y cuánto te pagaban? Y quién te mandó a decirme esta razón cuando mi hija estaba en embarazo: “Oiga Flóbert, que le manda a decir ……. que si el hijo de su hija es su hijo”. Derrumban a cualquiera.

El rector Francisco Édgar (biografía)

El rector Francisco Édgar hizo llorar muchas veces al profesor Juan de Jesús y a la profesora Rosaura con las cosas hirientes que les decía.  Uno de esos llantos de Rosaura fue compulsivo, no paraba, se ahogaba, se iba a reventar, tuvieron que correrle con primeros auxilios, ventilarla, darle aromática. A la profesora Magnolia la puso de médico con una carta, casi la mata.Pero las cosas que le hizo a Rosaura y a Juan de Jesús y a Magnolia son nada comparado con las que me hizo a mí.

 

 

 

Se trataba del susto (Biografía)

El sistema de ultraderecha se activa todo y en todas partes. Pero tú no sabes. No puedes saber. Entonces cómo va a venir la úlcera, el derrame, el infarto. Como cuando me robaron mi tarjeta con todos mis ahorros, en Bogotá, denunciado en la Fiscalía. Finalmente no me robaron nada, gracias a la Virgen. Pero no se trataba de robar, se trataba del susto. También me han robado pero en este caso se trataba del susto.

El teatro estuvo perfecto (Biografía)

Te acordás Miguel, qué se va a acordar Miguel, ni Miguel ni nadie, nadie recuerda nada, menos lo de otros. Pero si a Miguel le hacen una regresión hipnótica ahí está registrado el suceso. Fue cuando funcionaba la librería al frente de Inurbe. Las librerías de libros usados son sagradas para mí, en ellas pasaba buena parte de mi vida, siempre iba. Entonces un sujeto alto y fuerte entró y sin motivo me increpó que porque yo era del Polo y arengó a Uribe, que el Polo no tenía programa y Uribe sí. Casi me pega. Y yo decía, ve, todo el mundo me quiere pegar en esta ciudad sin yo hacerles nada. Me quedé tan asustado que al momento llegó Herman Zuluaga y no acaté preguntarle quién era el tipo. A Herman le toco soportar mi susto y mi rostro humillado, como le tocó al jesuita español soportar desde la penumbra el asesinato de Rafael Uribe Uribe.  El teatro estuvo perfecto.

La superstición del tres

policia y ejército con paramilitares

Ahí va el paramilitar

con un policía al lado,

el policía se va

y lo reemplaza un soldado.

Trinidades hay bastantes

en este mundo al revés,

paraco, tombo y soldado,

la superstición del tres